noviembre 12, 2007

María Antonieta Pérez-Boza




El próximo 16 de noviembre inaugura Extravíos, la individual de María Antonieta Pérez-Boza. Les dejo la invitación. Es un trabajo maravilloso, no se lo pierdan.

El dorado |01|

Fotografía: Laura Morales Balza

El dorado |02|

Fotografía: Laura Morales Balza

noviembre 11, 2007

Pío

Ciega, no me veo en el reflejo

Sólo me devuelven tus ojos
el marimanta azulado de mi infancia

Este miedo debe diluirse —iluso—
en la espera de mi razón absurda

Hoz

Mirándolo bien, debo agradecer tu barbarie
Me dice de este mundo
de los seres —los verdaderos—

Ahora sé,
que la noche ha regresado

Voz

Sin la piel
Sin los dedos, sin los labios
Sin el cabello, sin el sudor

Sólo la voz en reposo rompiendo resquicios
anunciando la muerte del miedo nocturno

Fue

No sé si afuera terminó la guerra

Sé que las nubes se escondieron
Sé que el cielo está inverso,
que rompió adentro, adentro

y quedó vacío de pájaros

Rea

No voy a desdecir mis susurros
Prefiero desnacer la vida, desmorir la mortandad;
hasta que leve, me lleve tu memoria

La vedette

¡Oh! la comunidad internacional está sorprendida. Qué oportuno. La vedette de latinoamérica ha hecho otra de sus pataletas, esta vez, fuera de la carpa venezolana.

La vedette de Sabaneta ha crispado los nervios de algunos jefes de estado de la comunidad internacional. Le han mandado a callar, los mismos que en otras oportunidades le rieron todas las gracias. Sí. Porque las gracias del payaso son a veces más risibles fuera de la cotidianidad. Cuando su tristeza o motivaciones no nos salpican.

Cuántas veces no hemos visto a Chávez, nadar en aguas elogiosas porque luce «simpático», porque es «accesible» al pueblo. Porque canta, recita, baila, amapucha mujeres, es chistoso.

Cuántas veces no ha sido mostrado (desde enormes distancias) como un nuevo folclore, como la representación de lo relajados, informales y felices que podemos ser los venezolanos. Cuántas veces los ejemplares representantes de esa comunidad internacional, han visitado mi país y han afirmado con pasmosa frialdad: todo en orden, un país enrumbado y en total estado de normalidad. Claro, una normalidad conveniente para algunas acciones. Siempre que la insanidad maloliente que vivimos se quede bien resguardada y limitada en nuestras fronteras.

¡Oh! un poco de insanidad se ha colado en la frontera. El show se ha dispersado y ahora sí resulta irritable el almizcle expelido por la vedette de Sabaneta.



Cuánto asombro. El chiste luce menos gracioso, la sonrisa es una mueca forzada. Es demasiado real. ¡Oh! demasiado cerca. Vamos... vamos... un poco de serenidad. Llegó la hora de pedir respeto, ahora sí, la vedette me ha rozado... ¡Oh! por favor, un poco de compostura. Un poco de política. No me pareces ya tan gracioso. Vamos... un poco de distancia, por favor... ¡Oh!

...y líbranos del mal |07|

Fotografía: Laura Morales Balza

...y líbranos del mal |06|

Fotografía: Laura Morales Balza

noviembre 10, 2007

noviembre 09, 2007

noviembre 08, 2007

Cuervos sobre el trigal

Una manta roja calienta sus pies después de haber llegado de mirar el paisaje. El color no calma su miedo. Rodeado de paredes azules —pocas veces tibias— es difícil huir de los tonos amargos de la infancia. Más adentro, más adentro. Más cubierto. Hasta los ojos. Al extremo de soñar debajo de la espesura del tejido, que su cuarto es una bóveda celeste. El cielo es siempre un buen final para los caminos largos.

Algunas mañanas imaginaba a su hermano sentado en una de las sillas de su habitación. Conversaban, ausentes, sobre las mismas inquietudes. Eran, una y otra vez, las mismas preguntas sin respuestas.

Sin saber si la noche había llegado, aún debajo de la manta, intentaba dormir a pesar del brillo de algunos colores en sus sueños. Largos, amarillos y despeinados girasoles se estremecían con el viento hasta despertarlo. Su corazón se aceleraba, y tras muchos y sonoros latidos amarillos, despertaba temblando. Sintiendo aún el vuelo del último pétalo al salir del paisaje.

Sí. Algunas veces dudaba si el paisaje terminaba afuera, en el pasto; o adentro, en el alma.

Ya de pie, pincel en mano, sintió urgente la necesidad de atrapar esos pétalos en algún espacio reducido que pudiera acercar al corazón. Lo intentó con tres, cinco, seis amarillos diferentes. Sorprendido, al terminar, miró por varios minutos la tela aún mojada: no es posible —pensó. Tanto amarillo y aún siento esta tristeza.


Una mañana al escapar del calor de su manta, salió descalzo a recorrer el paisaje. Ofreció los pies desnudos a la tierra, se dispuso adivinar las direcciones que tomarían las espigas del trigo cuando el viento llegara. Nada estaba de más en ese paisaje. Sólo un cielo inusual. Un azul desacostumbrado y recién nacido.

Se arrodilló hasta que sus ojos quedaron a la altura del trigo, y por varios minutos, lo miró mecerse en direcciones que aparecían sin fin. Irrepetibles. Dibujando remolinos en el aire.

Más azul, más azul, y de repente un pájaro. Brillante, enorme. Negro. Mirándole los ojos. Señalándole con su pico negro y fuerte. Luego otro pájaro, y otro, y otro. Menos azul, menos azul, menos azul. De pronto un cielo oscurecido por pájaros de alas grandes. Tantos, miles, que fue imposible el día y llegó la noche. Una noche larga, infinita, de la que nunca despertó.





a Gabriella Di Stefano
por todos sus colores

S/T

Fotografía: Laura Morales Balza

S/T

Fotografía: Laura Morales Balza

julio 19, 2007

Transia |09|

Fotografía: Laura Morales Balza