febrero 28, 2009

La duda

¿Puede la transparencia desaparecer?

¿Escurrirse
huidiza
detrás del hallazgo?


La transparencia es afanosa
Raja el cristalino de mis ojos con afilado invierno


Desaparece
.....tarde
.....y
.....temprano

disfraz de nieve 
en la ruta de los desaparecidos



febrero 23, 2009

Caracas postal | Chuao

Fotografía: Laura Morales Balza

febrero 16, 2009

CCS 01 | Baruta

Fotografía: Laura Morales Balza




Caracas. Rápido. Como aparece, como se deja ver. Sin nombre aún, a ver si nos entendemos. 

La máquina

máquina
nombre femenino

1
Objeto fabricado y compuesto por un conjunto de piezas ajustadas entre sí que se usa para facilitar o realizar un trabajo determinado, generalmente transformando una forma de energía en movimiento o trabajo: una máquina de coser; una máquina de vapor; una máquina de fotografiar; una máquina de escribir; una máquina registradora; la industria evolucionó a pasos agigantados el día que las máquinas se incorporaron a la producción.

2
Parte del ferrocarril provista de motor que mueve o arrastra los vagones: cuando la máquina dejó de silbar llegó el traqueteo de los vagones sobre la vía férrea.

3
Aparato eléctrico o electrónico que se acciona al introducir una moneda y sirve para jugar: una máquina tragaperras; jugar a las máquinas.

4
Conjunto de mecanismos que sirven en el teatro para efectuar los cambios de decorado y efectos especiales: el encargado de la máquina advirtió que el decorado del segundo acto se había averiado y no bajaba del techo.

5
Conjunto de elementos ordenados entre sí que forman un todo: la máquina del universo se mueve de forma muy precisa; durante este tiempo tu madre, rueda catalina de la máquina palaciega, permaneció en la corte junto a la reina.

6
Persona que tiene gran capacidad y facilidad para realizar alguna actividad de forma brillante y eficaz: aquel hombre era una máquina portentosa de hilvanar versos.



(...)



Todo corazón detiene su latido. El mío. El de todos. 

Que el corazón cese en sus latidos, forma parte de la naturaleza imperfecta del hombre.

Confirmo: somos seres finitos.




ST | Héroe caído

Fotografía: Laura Morales Balza

ST | Héroes caídos

Fotografía: Laura Morales Balza

febrero 09, 2009

variaciones

Devuelvo mis pasos

Tambaleante
demoro el reconocimiento de mi piel
La fraguada espera
sin infancias ni aparecidos

Me abandono pájaro
.......reptil
.......pez
—es lo natural en aves sin asombros—



volver a oscuras
perpleja
—no sospecho de la rama y su temblor de mundo en miniatura—




 

enero 19, 2009

ascuas

Largas ramas
aún sujetas de los troncos
Ni los insectos 
ni las hojas
complementan tu intención de suelo

El agua en la corteza
es pura caridad cósmica


dádiva sutil para el asombro
que llega de ojos cerrados


corpúsculo

En tu pupila sin luces
Tu plumaje seco
tu trino

escribo minerales de la tierra
cuento las ramas de tus árboles
mientras caes
finito
amarillos abajo
y negros desaparecidos

Sueño nebulosas insignificantes

Pienso en la vida con ternura en los párpados
mientras caes desde las alturas
donde estuvo Dios





diciembre 23, 2008

santa rosa

mi estómago rehusa mirarte a los ojos

no lo haré detrás de las rejillas
o de mi memoria

lo haré de frente
de ojos, estómago y riñón abiertos


los días
rehogados con claridad
en cada una de sus lunas
.....las dulces y las amargas
también se sentarán a la mesa


así lo hará el amor
vestido con gasas reiformes


voy a sujetarme de la taza
.....con las manos limpias


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diciembre 22, 2008

abril reminiscente

desde este lado de la vida
advierto mayúsculo el asombro

mañana
después de la agonía de la tarde
de nuevo entraré en la casa donde fuimos 


mi cuerpo se ablanda de temores 
desde el más largo de mis cabellos despeinados
hasta las falanges de mis dedos contraídos
baja
por mi espalda
por cada una de mis vértebras
mi fe de niña pequeña

hueso por hueso
oración por oración

espero hallarte en las frutas de la casa




allí 
donde el dulzor florece

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diciembre 03, 2008

abril

Fotografía: Laura Morales Balza

diciembre 02, 2008

Marguerite y la tijera barroca

a marianto





No huele a amoníaco. Huele a Vivaldi. Hay libros además de revistas, y no sólo hay libros sino que entre esos libros está Yourcenar —esta vez irónica y sonreída— diciéndome ¿ves? te vas a sentar aquí, sin chistar, con cara temeraria y valiente y vas a dejar que la tijera se escuche aunque yo luzca como una aparición en un espacio imprevisto. Vas a quedarte en mis páginas de historias orientales porque es coherente con la vida. Estas son las sincronías que importan, las demás puedes dejarlas pasar sin irte con ellas. No son relevantes.

Siempre alivia el agua los silencios más callados. Nada es excesivo ni ornamentado con exageración sobre todo cuando ha sido tan esperado. Ni las paredes están recubiertas, ni cuelgan telas brillantes desde el techo. Esa desnudez fue un buen síntoma, una pared desnuda siempre es bienvenida. Una pared incolora e inofensiva bien podría caerse encima sin maltratar a nadie. Más si de ella pende un moriche simbólico y soterrado hasta el ardor. También allí la infancia.

No era sólo el aroma a Vivaldi, era el Gloria en tono esplendoroso. Revivir mi primer acercamiento a una música que estuvo callada por tantísimos años. Está bien, Marguerite, recibo la sincronía de tus historias. La realidad dentro del sueño, el mito encantado y todas tus palabras. Delante de tus páginas me permito cerrar los ojos un instante, para que lleguen los pájaros desde lejos. Abandono tu Grecia y los Balcanes de Japón para quedarme en India. Poco más que despierta.

(…)

No fueron necesarias las rutas ni los mapas.

Mi papel quedó guardado en el bolsillo. De él me sujeté. Fue un viaje sencillo de asumir: ven.

Voy.

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noviembre 10, 2008

lunes, 8 pm

Agito las manos en las claras heladas y pegajosas. Rompo los tallos del cilantro queriendo ser tallo o aroma. Vigilo el gusto de sus venas desde la punta de mi nariz hasta detrás de mi cuello. Reposa donde comienza mi cabello al terminar mi espalda. Huelo allí. Su verde sabe advertirme y calmarme. Siento pena por el perejil, porque nunca podrá sacarme de mis casillas de esta manera. Nunca, como el cilantro estrujado y humedecido. Entrecruzo los dedos rogando pausa en mi delirio. Ahuyento el miedo y pongo la vida transcurrida debajo de mis pies. Si estoy descalza, existo. Dejo mis ojos en la sal con deseo ancestral y onírico, pero sé de su suerte y me espanta dejarla escurrir entre mis dedos. No quiero sales, ni cruces, ni oraciones crujientes. Un cielo, tal vez. Una ventana. Una piedra demoledora. Un cuchillo. Un vaso. El fuego desapareció y yo pensaba y pensaba mientras el río se llevó mis peces. Tiemblo de frío. Miro mis pies, mitad derecho, mitad izquierdo. Ellos me sospechan inmóvil, si me muevo, la vida vivida huirá por la puerta sellada. En otras vidas quise ser pájaro, pero no pude. Si me muevo, pierdo. Si me muevo, muero. Quedan las cáscaras. Quedan sus nidos sordos. Volver al hueco oval de los principios. Uno, dos, tres.

espera

No está en la tibieza del pan
no está en tu voz
ni en el murmullo de los niños pequeños de la plaza

No está en el asiento frío
que mira pasar cabellos despeinados y oscuros

No está en la visita del extraño
de voz inexplicable y lejana

No está en el clima
ni en las respuestas de preguntas adecuadas
Ni en la hora


Está en las raíces ocultas muchos metros bajo tierra
Sin palabras
—porque las palabras no existen todavía—
Vistiendo quién sabe qué ropas

qué tesoros

Escondidas del temblor
que insiste filoso en las grietas de su escondite



Todas las mañanas
la luz es un filo que raja su enredadera

encantamiento

El texto y las imágenes: para guardarlos dentro. Cierro mis ojos para que no se escapen. 

José, querido... hay un punto que trasciende el universo personal y hace que se aloje en el imaginario de muchas individualidades. En este mundo tan dado a lo instantáneo, es especial encontrar que retengas el tiempo y tus afectos en este modo. Estas imágenes se revelan con vida propia. Me atrapan por su realidad. Por lo pulcro y artístico —en sentido estético— de todos tus sujetos y la fuerza desde ellos. Todo lo que me llega desde sus ojos, quiero quedármelo. Gracias por hacer pública sus existencias. Piensa en el tiempo... ojalá la vida nos dé tiempo para mirarlas en retrospectiva, cuando los días hayan pasado callados, ellas hablarán desde su instante. 


Abrazo, desde mi encantamiento


Laura



Fotografías: José Ramírez






Tomado, sin permiso de: http://tempusloquendi.blogspot.com/

octubre 30, 2008

en la mensajería

«Desde Movilnet orgullos@s por el lanzamiento VENESAT-1 Simon Bolivar: colocamos la estrella de soberania y salimos de nuestra frontera para liberar pueblos»


Recibí este mensaje «apolítico» de esta empresa de comunicaciones. Nauseabundo. Ahora utilizan las plataformas de comunicación de las empresas que han colocado bajo su ala. Dicen colocar una estrella de ¿soberanía?. Lo que no colocaron fue los acentos. Tampoco colocan verdad. Ni liberan del hambre, el delito y la muerte al pueblo que tanto mientan.

No deberían hacer estas cosas. Es peligroso. Repugnante. Mi celular es de uso personal. Si yo estiro mi brazo para apagar la radio o el televisor porque es mi elección no escuchar los delirios del presidente ¿por qué tengo que recibir estos mensajes, como si me hubiese inscrito en un grupo, una lista, un club de interesados en la liberación de los pueblos?

Ahora los delitos son abundantes y siniestros. Aparte de los secuestros, aparecen cuerpos decapitados, con la misma simplicidad que tiene conseguir un cachito de jamón en cualquier panadería. Es asible. Normal. No es extraordinario. Es que los venezolanos somos «simpáticos» y «amables». Nada supera la «dulzura» y «carisma» de un venezolano. Somos un pan. Un pozo de virtudes y educación. Todos. Basta salir a la calle para comprobar la disposición que tenemos hacia el otro. El desprendimiento. 

No entiendo esta libertad de cárcel diaria. De imposibilidad, hambre, miedo, frustración, fracaso. Me interesaría un poco el satélite soberano si los hospitales que quedan pueden sostenerse 10 años más sin venirse abajo. Si los mendigos de la salud, encontraran un poco de luz después de sus necesidades. Si los pagos del sector público ocurrieran puntuales y si tres de las niñas que fueron violadas esta mañana hubiesen podido llegar sanas a su salón de clases. 

De otro modo, prefiero apagar mi celular, mientras se aplaca el terror de un sonido de alarma, un pito, un chillido que ilumine mi pantalla para hablarme de mentiras y naves voladoras. 


Qué asco.






octubre 25, 2008

posdata

Estoy en la oficina. En el sofá. Tengo el libro pequeño de Pameos y otros prosemas en las manos. Me levanté de esa quietud que no es necesariamente cómoda, para darte las gracias de nuevo por estas páginas. Para decirte que aquí todo está solo. Estamos solos. Que hoy te habrías sentido mejor, porque no hay sol afuera. Aunque me han dicho que allá te parece más simpático que el día sea lindo e iluminado. Que a veces me da escalofrío cuando pruebo la comida fría porque en silencio sé que detestabas esa frialdad, esa falta de calor. Que a veces lo irritable del sol me sobrepasa más allá de la herida en los ojos porque tu queja simultánea es un eco en esta ciudad tan brillante. Que soy cuidadosa con las palabras y el idioma. Que todo está deshilado, desajustado y que las sincronías andan escondidas en alguna parte donde el mapa no me llevó. Se empañaron los espejos y se escondieron las ardillas, o cualquier animal peludo que las sustituya. Rompen las aceras hechas para vaciar cemento nuevo sobre aceras vivas, talan árboles y siembran otros crecidos que atan con mecates para obligarlos a vivir. Como si fuese un deber. Una tarea pendiente. Pero es un poro abierto. Un vapor condensado en una olla sin tapa. Visible. Escondido. Porque aquí continúa el riesgo de morir asfixiado por cualquier perfume vulgar a tempranísimas horas. Porque uno no puede esconderse ni siquiera en la mañana. Es que aquí el sol brilla desde temprano y sólo la lluvia nos protege.





a Daniel

octubre 23, 2008

ruf

Ruf en su segundo cumpleaños




Un par de sandalias. Cuatro alfombras de paso. Una toalla del hombre araña. Un billete de 10, un billete de 5 y tres billetes de 2. Un texto de Susan Sontag. Tres cucharas de madera. Una correa de cuero. Muchas piezas de Bionicle. Las carátulas de varios discos de acetato (en las esquinas). Una toalla azul y otra anaranjada. Muchas pantaletas, interiores y medias (incalculable). Cuatro sostenes. Dos camisas. Los cables de: una batidora de mano, un microondas, un extractor de jugo, un cuchillo eléctrico, una tostadora de pan y un batidor de mano. Muchos envases plásticos. Un llavero. Seis cojines. Insectos y otro ser vivo (también del reino animal) que no puedo nombrar. Algunos bordes del rodapié. Un edredón. Cuatro suéteres. Dos carteras. Tres cubiertas de CD. Una unidad de zip. Una bata de baño verde. Muchos sujetadores de cabello. Tres zarcillos. Un cepillo de peinar. Mucho papel higiénico. Un envase de detergente. Trapos de cocina. El control de un televisor. Dos piezas de escrable. Varios coletos. Varios cepillos de barrer. Tres rollos FP4, expuestos. Dos nuevos. Muchos periódicos. El borde de la pared que lleva a la cocina. También el marco de la puerta de esa pared. Muchas correas de paseo. Muchos sujetadores de puerta. Muchas partituras (con sus carpetas). La fórmica de algunas puertas de la cocina. Las patas de un banco de madera. El borde inferior de una biblioteca. Una manguera de aspiradora. Un manual de Canon. Muchas copias 5 x 7. Una taza del osito Winnie. Muchas piezas de lego. Varios lapiceros. Jabón. Una esquina de la guía de Caracas. Un morral escolar. Muchas esquinas de libros diversos. Varios recibos de luz. Muchos tubos de acrílico, varios pinceles y el mango de una gubia (que sepamos). 

Feliz cumpleaños, Ruf.

octubre 20, 2008

la mañana

La ventana está empañada. Dibujo en el cristal y detrás de las gotas un señor me deja ver el tamaño de su aburrimiento. Pienso en su corazón, arrastro las líneas con las manos para mirarlo con claridad. Para decirle con los ojos que no está solo en la agonía del tráfico. La vida desaparece como estas gotas. Mi cabello está largo. Podría tejerlo. Cuento los carros azules y los blancos, pero bastan segundos para confundirme en una hilera infinita de cauchos y bombillos. Todo se detiene al punto que ya las llaves no alcanzan su vaivén sonoro. También me distraigo con los postes y los zamuros detenidos en ellos. No sé cómo soportan el frío del metal mojado. Me distraje en sus patas. Los miré escurrirse con las alas abiertas. Regreso al dibujo en mi ventana. Descubro al señor, resignado. Se sonríe con dolor. No sé si por la gracia de mis dibujos o por el tiempo que estuve mirando hacia arriba. Llevo mi nariz a la ventana. La abandono en el frío de las gotas. Huelo, luego existo. Esa frialdad me acomoda la existencia. La facilita. Me concentro esperanzada, en alguna ráfaga de árbol mojado. No es inmediato, como en mi ciudad. En esta ciudad, que no es la mía, los árboles dilatan el viaje de su tintura. Pobres árboles sin aromas viajeros y sin barbas. Abro un poco la ventana, unas gotas graciosísimas despiertan mi brazo derecho. Simón escucha Deep Purple con volumen preadolescente y repite los acordes y resoluciones. Si pienso, tiemblo. Mejor no pensar. Abro aún más, empieza a mojarse mi cara. Está bien para mis huesos. Cuento un par de carros de colores confusos desde el umbral de mi sueño. Otro zamuro. Otra nube. Otras gotas. No hay sol. Qué adecuado. Smoke on the water.